DE LOS INDIGNADOS ESPAÑOLES

  • No es crisis es estafa
  • Cría ricos y te comerás sus crisis
  • Si no salimos en los periódicos saldremos en los libros de historia
  • Me gustas democracia porque estás como ausente
  • Ya tenemos el sol, ahora la luna
  • El pueblo reflexiona, por eso está en la calle
  • Te oigo quejarte en casa, sal a la calle a que te oigan
  • La única causa de la pobreza es la riqueza
  • Precaución, ciudadanos pensando.
  • Nuestros sueños no caben en vuestras urnas.
  • No somos ilusos somos ilusionistas

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miércoles, 13 de noviembre de 2013

Cine
                                                                                    FILMAR EL PENSAMIENTO
En un reciente reportaje, la talentosa directora cinematográfica alemana Margarethe  von Trotta, confesaba que al emprender la filmación sobre la filósofa Hannah Arendt, el primer gran obstáculo que encontró fue: “¿Cómo se filma el pensamiento?”. Podemos responder con absoluta certeza que lo logró plenamente. La primera y sabia  decisión que tomó fue no enredarse en los complejos amoríos y pasiones con el filósofo alemán Martin Heidegger y en la consabida y eterna polémica sobre la mayor o menor  adhesión al nazismo del rector de la Universidad de Friburgo.
Hannah Arendt y la banalidad del mal, la última película de la directora de Rosa Luxemburgo y Las hermanas alemanas, tal vez sus mejores realizaciones, por lo menos que se estrenaron aquí , porque como ya sabemos hay muchos films de muy talentosos realizadores europeos y de otros continentes que no llegan a nuestro país, se centra exclusivamente en los años que Arendt  en su rol de periodista y corresponsal del “The New Yorker”  cubrió en Jerusalén el juicio que realizó el Estado de Israel contra el criminal de guerra nazi Adolf Eichmann, que había sido atrapado ilegalmente en la Argentina por el Mossad, el servicio secreto israelí. Arendt vivía y trabajaba como profesora universitaria en Nueva York desde principios  de los ’50 y cuando se entera del secuestro consigue que el director del periódico la mande a Israel para cubrir el juicio que se desarrolló  entre  1961 y 1964. Fruto de esa participación es un libro clave de la filósofa “Eichmann en Jerusalén –Un estudio sobre la banalidad del mal”, que se convirtió en un suceso mundial y que provocó múltiples polémicas y le trajo a la filósofa tantos halagos como maldiciones tremendas.
Otro de los hallazgos de von Trotta es la certera utilización de los archivos filmados durante el juicio, que Arendt sigue junto con el espectador,  en los que un hombre como tantos, un aplicado y ambicioso burócrata al servicio de un régimen criminal, realizaba, según él explica minuciosamente, tareas administrativas en el campo de exterminio en el que trabajaba, cumpliendo órdenes, según declara una y otra vez con atildada circunspección. Arendt descubrió mirando ese rostro y siguiendo esas declaraciones que Eichmann no era un monstruo como los jueces y abogados querellantes y todos los diarios del mundo decían, sino que se trataba de una persona “terriblemente y temiblemente normal”, un producto de su tiempo y del régimen que le tocó vivir, en suma, eran seres humanos que se negaron a ser personas.  Luego Arendt avanza hacia un terreno muy peligroso para su vida y su futuro: critica con precisión, una vez obtenidos los datos del mismo juicio, a los líderes de algunas asociaciones judías, los Consejos Judios o “Judenrat” que colaboraron con los que dirigían los campos y si algo faltaba, también señala con dureza la legalidad jurídica del Estado de Israel para juzgarlo.  En vez de defender incondicionalmente, como buena judía e incluso sionista, a su pueblo, debatió, investigó, reflexionó y no se calló, plasmó todo en un libro en el que detallaba cómo las personas comunes se convierten en brutales asesinos, rechazando los esquemas de explicación simples que no permitan dudar ni obliguen a reflexionar.
Von Trotta  como siempre en su cine, no camina por el lado fácil, ni sigue recetas preconcebidas, cuenta con un núcleo de actores de primera, en especial Bárbara Sukowa, la actriz fetiche de la directora, Axel Milberg como su marido y Julia Jentsch, entre otros, que desarrollan debates duros y profundos que develan las ideas que prevalecían en la época y que  siguen manteniendo una validez total en todos los tiempos, inclusive los de hoy y por supuesto en los debates que atraviesan  nuestras actuales peripecias de vida.
Hay que recordar que Margarethe von Trotta pertenece a un grupo de directores como Volker Schondorf, Rainer Werner Fassbinder, Wim Wenders y Werner Herzog, que desde la década de los ’70 del siglo pasado han dado obras originales y sugerentes  que nos han conmovido y ayudado a ser  un poco mejores como personas.
                                                                                                                                                          A.P.

martes, 30 de julio de 2013

                                                      CACERIA DE BRUJAS
Cuando en 1995, los que amamos el cine nos enteramos que en la lejana Dinamarca dos directores cinematográficos, Lars vonTrier  y Thomas Vinterberg, lanzaron un manifiesto que llamaron Dogma 95, que en seguida fue aceptado entusiastamente por otros realizadores daneses y de otros países, tuvimos una sensación contradictoria: no nos gustaba la utilización del término Dogma por las características sectarias y cerradas que en general se le da al mismo, pero  el entusiasmo se mantuvo al conocer el decálogo firmado que contemplaba entre otras cosas la utilización en los films de locaciones reales, sonido directo, sin luces artificiales ni efectos ópticos o filtros, cámara en mano. De alguna manera aparecía como una nueva reacción, muchos años después del neorrealismo italiano, que intentaba volver a un registro de la realidad más honesto y verdadero, sin artificios ni adelantos técnicos como elementos centrales del  lenguaje cinematográfico. Muy pronto el entusiasmo creció al conocer la primera película del Dogma, La celebración de Vinterberg, que tuvo un éxito enorme y recibió premios en todos los festivales, filmada en 1998 y luego, también ese año Los idiotas de von Trier un film perturbador  y provocativo, como todo lo que luego haría el geniecillo danés, del que conocemos muchas otros de sus films, ya fuera del Dogma..
Vinterberg luego no filmaría nada destacable, aunque hay que reconocer que como siempre muchas de sus películas no se vieron en Buenos Aires.  El Dogma se fue deshilachando, aunque llevan su sello unas treinta películas y en 2005 se dio por finalizado su ciclo, en medio de grandes discusiones y reclamos. Ahora tenemos la oportunidad de ver su última obra La cacería, que ya sin Dogmas a cuestas nos presenta una creación tal vez más vinculada con el cine clásico de suspenso tipo Hitchcock, pero de un rigor y una calidad en todos los órdenes que la pone al mismo nivel que su primer film. Hay muchos puntos en común, hipocresías varias, ocultamientos, universos cerrados, en la primera una lujosa casona de la alta sociedad y en la actual un pequeño pueblito y dentro del pueblo un jardín de infantes con maestras, directora y un solo maestro llamado Lucas que es acusado de repente de pedofilia.
¿Cuántas veces hemos oído la frase “los niños no mienten”?  ¿Cuántas veces hemos condenado a una persona sin evidencias concretas de su acción criminal o violenta? ¿Cuántos estamos siempre listos escudándonos detrás de una supuesta superioridad moral, para señalar con el dedo e imponer nuestras “verdades”. En el film de Vinterberg se desarrollan estos interrogantes y más. En nuestro país que permanentemente tiene momentos de fiebre sensacionalista y morbosa por la aparición de maestros abusadores, violaciones, inseguridad  permanente, regodeo de detalles escabrosos (casos  Ángeles y Micaela, entre tantos) tiene una actualidad y una resonancia enormes.
Si bien el tema concreto es el desarrollo minucioso del crescendo de la denuncia y como se va estructurando la misma, siempre en la búsqueda de “lo mejor” para los niños, con mentiras, manipulaciones, “investigaciones científicas” y con supuestos especialistas, que a lo único que apuntan es  a convertir en verdad sus propios prejuicios, falsedades y  engaños, es importante destacar el preciso develamiento en detalle de ese mundo pequeño y perfecto, donde las estructuras sociales y de poder están establecidas con precisión, cada uno cumple un rol ya determinado, los hombres se emborrachan brutalmente, las mujeres aceptan la escapada casi con alegría,  hay ritos iniciáticos medievales, todo esto en medio de la normalidad  burguesa y el “bienestar” que todos hemos comprado y que supuestamente viven los países nórdicos .
Desde ya que esta película no estaría completa sin un grupo de actores extraordinarios, encabezados  magistralmente por Mads Mikkelsen  en el papel de Lucas y la maravillosa creación de la niña Annika Wedderkropp, así  como todos los otros rubros técnicos, fotografía, ambientación, rigor narrativo, etc.  Sólo resta esperar que Vinterberg, con Dogma o sin Dogma nos siga dando muestras de su talento y de su visión microscópica, incisiva y reveladora del mundo que le toca vivir.

                                                                                                                  A.P.

martes, 7 de mayo de 2013


                       FILMAR EL SUFRIMIENTO

El director austríaco Michael Haneke es uno de los pocos realizadores europeos y tal vez (el tal vez tiene que ver con lo poco que llega del cine mundial a nuestro país) del mundo que mantiene desde hace muchos años una obra rigurosa y coherente, tanto en el plano ético como en el estético. Se hizo conocido en la Argentina  con una película estrenada en 2009, “La profesora de piano”, con un trabajo extraordinario de Isabelle Hupert y a partir de allí se estrenaron dos obras de gran excelencia: “Caché” y “La cinta blanca”. Otras películas anteriores  del mismo nivel se pudieron ver en el Bafici y en otras muestras. Haneke provoca en todas sus obras un aluvión de emociones que sacuden y conmueven al espectador sin nunca obnubilarlo o impedirle pensar. Esas historias que en general son demoledoras y provocadoras son también  llevadas con tersura al espectador a través de un lenguaje distanciado, no frio, siempre buscando también el corazón del espectador, que tiene algo en común (reconocido por el propio Haneke) con los preceptos del distanciamiento brechtiano que tanta riqueza artística ha dado tanto al teatro como al cine universales.
Hoy llega a Buenos Aires, “Amour” su última obra interpretada  por dos auténticas leyendas del cine francés , Jean-Louis Trintignant y Emmanuele Riva, que le dan al film si cabe una densidad adicional a un tema doloroso, oscuro, suerte de réquiem final de un matrimonio de amantes de la música que enfrenta, luego de muy pocas y certeras escenas de una vida “normal”, rutinaria, burguesa, de una rara armonía y muy francesa, la aparición de la enfermedad y la muerte cercana.
Un día Anna pierde la conciencia y luego de evitar  - como en general ocurre en las transitadas películas “de enfermos” a las que nos tiene acostumbrado en especial el cine norteamericano-  información innecesaria y en general morbosa, el film se zambulle diáfanamente en un escenario único del que no saldrá hasta el final.  Esa vida llena de respeto, amor y comprensión entre dos seres que sin duda han pasado malos momentos pero los han podido remontar, es puesta a prueba en profundidad. La pareja que ha sabido preservar su intimidad necesita abrirse a nuevas situaciones que son enfrentadas  y llevadas al espectador en detalle con esa capacidad de entomólogo que tiene Haneke  y a la que ya nos tiene acostumbrados. Al austriaco le interesa presentar al espectador cosas que lo hagan pensar, que lo problematicen, lo dice con claridad en un reportaje: “Lo peor que me puede pasar es que el que está viendo mi película sienta que ésta le confirmó alguna certeza”.
Como los grandes intérpretes que son , Trintignant y Riva encarnan magníficamente a sus personajes . La indignación de Georges  ante la degradación física y mental de su mujer e incluso por sus propias limitaciones, es inversamente proporcional a esas miradas cada vez más tenues e idas de Anna.  Haneke cuenta con humor un tanto negro que Trintignant estaba muy mal antes de filmar, incluso llegando a fantasías de suicidio y él  le hizo decir a través de su productora “filmemos primero la película y luego te suicidás, si querés”.  El trabajo soberbio, pequeño tal vez en tiempo pero enorme en intensidad de Isabelle Hupert en el rol de hija que aparece sólo para complicar las cosas, complementa a ese maravilloso dúo cuyas intensas miradas se mantendrán mucho tiempo en nuestras vidas.
La última película de Haneke se asoma al abismo de la vejez y la muerte con los ojos bien abiertos y nos ayuda a enfrentarnos con esa parte esencial de la vida que es la muerte, de la mejor forma posible, también con los ojos y el corazón bien abiertos.
                                                                                           A.P.                                                                                   

martes, 15 de enero de 2013


Cine     LEONARDO FAVIO                                    
                                              EL MEJOR DE TODOS
Murió Leonardo Favio, el mejor director de cine de nuestro país, dueño de una obra de una gran coherencia estética y ética. Narraba como ninguno. Nunca negó que el radioteatro había sido  su fuente básica de inspiración. Ahí están la película más vista del cine argentino Juan Moreira (3.500.000 espectadores) o Nazareno Cruz y el lobo. Trataba a sus personajes con una gran sensibilidad. Aunque sus films están llenos de violencia, crueldad o explotación, sus criaturas nunca pierden su luz interior, nunca son juzgados o señalados. Nos deja toda su obra, que podrá ser vista hoy o dentro de cincuenta años. Su cine es el cine de los olvidados, de los ninguneados, de los castigados y sumergidos, hay que ver Gatica o Crónica de un niño solo para comprobarlo. El mejor homenaje será ver sus películas nuevamente en la oscuridad de un cine, hasta  cuando los adelantos técnicos nos lo permitan. Hasta siempre, maestro.
  

                                        AMOR EN TIEMPOS DIFICILES

El cine argentino  en los años que llevamos de democracia ha intentado varias veces recrear los años de la dictadura militar, con variada suerte. Hubo intentos muy recordables como “Garage Olimpo” de Marco Bechis,  “Juan, como si nada hubiera ocurrido” dirigida por Carlos Echeverría o “Los rubios” de Albertina Carri  son películas que con diversos formatos y visiones estéticas variadas dieron cuenta  con fuerza, claridad expositiva y estética  y con miradas diferentes, momentos,  historias  y peripecias vitales enmarcadas en esos años trágicos que vivimos todos los argentinos.
Bienvenida entonces “Infancia clandestina”, de Benjamín Ávila, pues pasa a formar parte de ese núcleo de películas que han sabido mostrar en profundidad lo ocurrido en esos años. La historia que cuenta está basada esencialmente en su propia infancia y comienza en 1975 cuando el personaje central, un  niño –el mismo Ávila- debe ir al exilio. Inmediatamente se pasa al año 1979 cuando sus padres deciden volver al país en plena dictadura en el marco de la llamada “contraofensiva montonera”. El primer hallazgo del film es alejarse de la fuerte discusión y disputa que siempre rondó alrededor de ese hecho para dirigirse con firmeza, sin esquivar el bulto, hacia lo que quiere contar, con la cámara siempre centrada en la visión infantil, que es ni más ni menos  que una historia de amor, más precisamente de iniciación amorosa, que se desarrolla tersamente 

martes, 4 de septiembre de 2012


COMO PARAR LOS TANQUES

En diferentes oportunidades en ésta columna hemos analizado la dificil situación que se fue creando en nuestro país - y tambien digamos que en casi todos los otros- por la concentración del mercado cinematográfico, especialmente en el area de la distribución y la exhibición. Tal vez uno de los momentos cumbre, sea la época de de las fiestas de fin año o en especial en las vacaciones de invierno que acaban de transcurrir. Si se tienen en cuenta algunas cifras, la cinematografía en nuestro país está pasando un muy buen momento, pues para el mes de julio se llevaban recaudados unos 750 millones de pesos en todo el país, con unos 28 millones de espectadores, pero apreciemos otras cifras: en 750 salas de cine en todo el país, los tanques de Hollywood, por ejemplo  "La era del hielo 4" o "Valiente" se estrenan en 270 salas en promedio. Si las comparamos con los estrenos argentinos, aproximadamente la mitad de ellos se estrenan en cinco salas o aún menos. En algunos casos con películas excelentes y arriesgadas como "Tierra de los padres" de Nicolás Prividera, el estreno se dió en una sola sala, la mítica e indispensable Sala Lugones del Teatro San Martín. Otras pequeñas salas como el histórico Cosmos, comprado por la UBA, estrenó cinco películas argentinas que no encontraban sala.
El tema se viene discutiendo desde hace rato y hay muchas opiniones. El productor Diego Dubkovsky cree que un avance hacia la solución del problema es la creación de un circuito alternativo "más ligado al tipo de cine que hacemos nosotros". Tambien comenta "que la experiencia del Gaumont es superexitosa, y ahora se agrega el Arte Cinema en Constitución, que luego de ser tomado por el INCAA, bajó el precio de las entradas y le dio una programación más atractiva, estando en una zona donde a la gente no le gusta mucho ir, el público se duplicó y hasta triplicó. Sería genial que este ejemplo se  extienda a cines cerrados como el Arteplex Belgrano o el Atlas Santa Fé". Nosotros agregaríamos a nuestro querido cine de Caballito que tanto extrañamos. Esa política sería bueno que se extendiera hacia los cines que no tiene posibilidad de estreno en nuestras salas, como el europeo, el asiático, el africano y fundamentalmente el sudamericano.
Algunos distribuidores alegan que no hay público para ese tipo de cine. Sin duda si hablamos de los tanques que llevan a tres millones de espectadores es así, pero hay films como "El chico de la bicicleta" de los belgas hermanos Dardenne o la iraní "La separación" dos películas de gran calidad artística y muy atractivas para todo público, nada experimentales ni "aburridas" como a veces se dice alegremente por algunos comunicadores respetables como Aliverti  de las películas que no son norteamericanas o "que cuenten historias", llevan a los cines entre 150.000 a 400.000 espectadores. Un independiente muy popular en Buenos Aires como Woody Allen puede llegar al millón de espectadores con películas para todo público pero no imbéciles o que toman como imbéciles a sus espectadores.
Un dato que mucha gente no conoce y que es fundamental para esclarecer un poco este tema que en general no tiene mucha prensa es que un tanque del que leemos costó 300 millones de dólares, en realidad destinó la mitad, es decir 150 millones, a gastos de lanzamiento en todo el mundo, lo que significa que unos meses antes de su estreno se pagan viajes a cronistas de grandes medios a EE.UU. para que empiecen a mandar notas sobre la película, luego se sigue con los  grandes y masivos avisos en todos los medios y las calles o avenidas y luego incluso pagos encubiertos para que la película sea "criticada" en buenos términos incluyendo largos reportajes a sus actores, etc. etc.
¿ Cómo competir con semejante cantidad de recursos? Una película argentina puede costar un millón de pesos o en algún caso con financiación de productoras televisivas y con actores muy conocidos como Darín, bastante más, nunca puede llegar a gastar una cifra ni siquiera cercana a la que gasta un tanque. De cualquier manera una película como "Elefante blanco", muy atractiva y de calidad tanto estética como ética, puede pasar el millón de espectadores, pero nunca aspirar a mucho más.
Queda claro que los tanques van a seguir existiendo, seguirán llegando las versiones 5, 6 o 10 de cualquiera de los títulos conocidos y no los podremos parar. Por eso lo principal está en permitir la llegada de otras películas y especialmente facilitar la visión de las películas argentinas y para ello es necesario que el INCAA invierta más dinero en los gastos de lanzamiento y avance en la creación de  más salas como el Gaumont, bajando los precios de las entradas y mejorando la visión y el sonido de las mismas.
Otro  tema a evaluar es el hecho de la cercana desaparición del celuloide como soporte y la masiva incorporación del sistema de digitalización de salas que ya comenzó a instalar el INCAA. El proyecto contempla en una primera etapa 150 salas en todo el país y en este año se implantarán 50 de las mismas con proyectores 2D y 3D digitales, entregados en comodato por el Instituto con su equipo de sonido. La idea es terminar de digitalizar todas las salas en el 2014. Es un proyecto fundamental porque va a poner en un nivel de igualdad técnica a todos los cines y la calidad de proyección y sonido se va a estandarizar. En suma, los que amamos al cine luchamos no sólo porque no desaparezca de nuestras vidas, sino tambien por ver cada día películas más variadas y de mayor calidad para poder elegir de acuerdo a nuestro gusto y placer.

A,P.   

miércoles, 6 de octubre de 2010

Cine

UN MELODRAMA GRANDIOSO

“Con las tripas del último Papa estrangularemos al último Rey” grita enardecido un joven Benito Mussolini, el futuro Duce, todavía un militante socialista, que se enfrenta a la policía en las calles de Trento en los comienzos de la Primera Guerra Mundial.

Esas son las primeras imágenes de Vincere, el último film de Marco Bellocchio, un director contemporáneo de Bernardo Bertolucci, con una filmografía importante y poco conocida en Argentina.

Este film de raro espesor es una obra notable que se interna en una historia desconocida, sepultada hasta hace muy poco tiempo: la de la vida de Ida Dalser, una de las varias amantes de Mussolini, madre del primogénito del futuro Duce, llamado Benito, que fue apartada brutalmente, así como el hijo, al ascender éste al poder. Una vez allí Ida fue alejada, primero de su hijo y familia, finalmente del mundo. Algunos historiadores dicen que el Duce había pensado matarlos, a ella y a su hijo, pero para no tener roces con la Iglesia, decide encerrarla en un manicomio y al chico en un vigilado hospicio.

A partir de ésta historia trágica, melodramática, Bellocchio articula en forma magistral un discurso en el que se van hilvanando varios niveles de análisis: político, social, sicológico y todos ellos los va desarrollando en profundidad, utilizando formas operísticas que se van expandiendo poderosamente, hasta alcanzar un verdadero éxtasis dramático al arribar al desenlace en los tramos finales del film.

El relato está construido desde los inicios con una gran fuerza en las imágenes, apoyándose principalmente en la gran Giovanna Mezzogiorno, que interpreta a la Dalser a lo largo de casi tres décadas, mientras que Mussolini es retratado por Filippo Timi, sólo hasta que Ida es internada en el manicomio. Luego desaparece y da paso a su imagen de archivo, ya en el poder, reemplazando la fascinación romántica y de entrega total del inicio de la relación, con la colectiva a través de la pantalla del cine, que magnifica la pose y los gestos ampulosos, cercanos al ridículo, que quedaron de la profusa imagen pública de los noticieros de época del Duce. En los tramos finales, Timi reaparece interpretando esta vez al Benito hijo en su juventud, ya cercano a la locura que lo llevará a la muerte, convertido en un experto y obsesivo imitador de los gestos y el modo de hablar de su padre.

La película tiene dos partes perfectamente delimitadas, la primera es una arrolladora y torrencial síntesis de esos dos años en el que el amor ciego y de total entrega a un Benito que ya está obsesionado con el poder y abandonando progresivamente, ante los tambores acechantes de la Primera Guerra, sus primeros ideales socialistas y la segunda con el verdiano descenso a los infiernos de Ida y su hijo, mientras las persistentes imágenes cinematográficas y musicales van contrapunteando el desarrollo de la tragedia.

Vincere resulta ser una experiencia de una singular envergadura, que retrata con gran belleza un momento monstruoso de la historia de Italia y al mismo tiempo produce una vital y aguda reflexión sobre la Italia Berlusconiana de hoy.

Alberto Poggi

miércoles, 27 de mayo de 2009

NUMERO 39

Abril/Mayo 2009

NO TE MUERAS NUNCA BAFICI

El año pasado no escribí nada sobre el Festival de Cine Internacional de Cine Independiente de Bs. Aires (BAFICI) porque mis compañeros memoriosos me decían, con razón, que luego las películas que mencionaba no se estrenaban. En el 2007 la nota que escribí estaba dirigida hacia los fuertes dardos de buena parte de la gran prensa contra el Festival. La acusación central era que se trataba de un acontecimiento elitista porque las películas que se exhibían eran raras, aburridas, incapaces de contar historias. Lo de elitista sigue siendo ridículo pues el Festival en su edición de este año llevó más de 200.000 espectadores en las siete salas, que este año incluyó todas las salas del Abasto.

Las otras acusaciones siguen siendo parte de un sigiloso trabajo de pinzas que intenta uniformizar las miradas y que plantea una única forma de hacer cine. En relación al cine argentino, se viene trabajando desde hace años en contra de la financiación y apoyo del INCAA a los jóvenes cineastas. Voces “industrialistas”, que apoyan la forma tradicional de producción, bregan por un cine que debe ser visto por millones de espectadores, no importa su calidad, poniendo como ejemplo a los famosos “años de oro” del cine argentino. Ese argumento es insostenible. Todo ha cambiado, se han introducido nuevas técnicas en los últimos años que han ido achicando los cines y se fue imponiendo el dvd, internet, hasta se va a poder ver cine por celular.

El BAFICI de este año vuelve a poner en el tapete esa discusión poniendo a disposición de los espectadores más de 400 películas, entre largos, medios y cortometrajes de más de 40 países de los cuatro continentes, incluyendo alrededor de 50 películas nacionales.

Esto significa que se sigue filmando en todo el mundo de muchas formas, con distintos estilos, distintos lenguajes y miradas, distintas formas de producción, de todos los géneros, documentales, docuficciones y ficciones, de animación, musicales, etc.

Un humano sólo puede ver entre veinte o treinta largometrajes durante los diez días del Festival, así que es muy difícil hacer un balance del conjunto de films. Lo que puedo decir es que las veinte películas que pude ver fueron de una calidad homogénea. Habría que resaltar las excelentes películas israelíes Z32 y Waltz with Bashir o tambien sobre el tema palestino el poderoso documental Rachel. Otras perlas fueron la checa The Karamazov y la rusa Yury´s day. Se pudieron ver también films de las francesas Claire Denis y Agnes Varda y de directores coreanos, portugueses, chilenos, filipinos, etc.

Es importante destacar que una importante cantidad de films fueron operas primas, lo que demuestra que en el mundo también se sigue fomentando a los nuevos realizadores que tratan de enfrentarse a las fórmulas probadas y gastadas que hoy pueblan un gran porcentaje de las pantallas aquí y en todo el planeta.

Sin duda todo puede mejorarse, aunque organizativamente el Festival funcionó mejor que el año pasado, lo que no puede ocurrir es que se pierda la oportunidad de acceder al mejor cine que se está haciendo en el mundo.

Aprovecho para saludar con alegría la inauguración de las tres salas de Artecinema, en la Plaza Constitución, con proyectores y sonido de primera, excelente programación, buenos precios y muy buenos asientos. Es una apuesta riesgosa que debe ser apoyada por nosotros continuando con el hermoso rito de ir al cine, aunque se caiga el mundo.

A.P.