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Cine
UN MELODRAMA GRANDIOSO
“Con las tripas del último Papa estrangularemos al último Rey” grita enardecido un joven Benito Mussolini, el futuro Duce, todavía un militante socialista, que se enfrenta a la policía en las calles de Trento en los comienzos de la Primera Guerra Mundial.
Esas son las primeras imágenes de Vincere, el último film de Marco Bellocchio, un director contemporáneo de Bernardo Bertolucci, con una filmografía importante y poco conocida en Argentina.
Este film de raro espesor es una obra notable que se interna en una historia desconocida, sepultada hasta hace muy poco tiempo: la de la vida de Ida Dalser, una de las varias amantes de Mussolini, madre del primogénito del futuro Duce, llamado Benito, que fue apartada brutalmente, así como el hijo, al ascender éste al poder. Una vez allí Ida fue alejada, primero de su hijo y familia, finalmente del mundo. Algunos historiadores dicen que el Duce había pensado matarlos, a ella y a su hijo, pero para no tener roces con la Iglesia, decide encerrarla en un manicomio y al chico en un vigilado hospicio.
A partir de ésta historia trágica, melodramática, Bellocchio articula en forma magistral un discurso en el que se van hilvanando varios niveles de análisis: político, social, sicológico y todos ellos los va desarrollando en profundidad, utilizando formas operísticas que se van expandiendo poderosamente, hasta alcanzar un verdadero éxtasis dramático al arribar al desenlace en los tramos finales del film.
El relato está construido desde los inicios con una gran fuerza en las imágenes, apoyándose principalmente en la gran Giovanna Mezzogiorno, que interpreta a la Dalser a lo largo de casi tres décadas, mientras que Mussolini es retratado por Filippo Timi, sólo hasta que Ida es internada en el manicomio. Luego desaparece y da paso a su imagen de archivo, ya en el poder, reemplazando la fascinación romántica y de entrega total del inicio de la relación, con la colectiva a través de la pantalla del cine, que magnifica la pose y los gestos ampulosos, cercanos al ridículo, que quedaron de la profusa imagen pública de los noticieros de época del Duce. En los tramos finales, Timi reaparece interpretando esta vez al Benito hijo en su juventud, ya cercano a la locura que lo llevará a la muerte, convertido en un experto y obsesivo imitador de los gestos y el modo de hablar de su padre.
La película tiene dos partes perfectamente delimitadas, la primera es una arrolladora y torrencial síntesis de esos dos años en el que el amor ciego y de total entrega a un Benito que ya está obsesionado con el poder y abandonando progresivamente, ante los tambores acechantes de la Primera Guerra, sus primeros ideales socialistas y la segunda con el verdiano descenso a los infiernos de Ida y su hijo, mientras las persistentes imágenes cinematográficas y musicales van contrapunteando el desarrollo de la tragedia.
Vincere resulta ser una experiencia de una singular envergadura, que retrata con gran belleza un momento monstruoso de la historia de Italia y al mismo tiempo produce una vital y aguda reflexión sobre la Italia Berlusconiana de hoy.
Alberto Poggi
miércoles, 27 de mayo de 2009
NUMERO 39
Abril/Mayo 2009
NO TE MUERAS NUNCA BAFICI
El año pasado no escribí nada sobre el Festival de Cine Internacional de Cine Independiente de Bs. Aires (BAFICI) porque mis compañeros memoriosos me decían, con razón, que luego las películas que mencionaba no se estrenaban. En el 2007 la nota que escribí estaba dirigida hacia los fuertes dardos de buena parte de la gran prensa contra el Festival. La acusación central era que se trataba de un acontecimiento elitista porque las películas que se exhibían eran raras, aburridas, incapaces de contar historias. Lo de elitista sigue siendo ridículo pues el Festival en su edición de este año llevó más de 200.000 espectadores en las siete salas, que este año incluyó todas las salas del Abasto.
Las otras acusaciones siguen siendo parte de un sigiloso trabajo de pinzas que intenta uniformizar las miradas y que plantea una única forma de hacer cine. En relación al cine argentino, se viene trabajando desde hace años en contra de la financiación y apoyo del INCAA a los jóvenes cineastas. Voces “industrialistas”, que apoyan la forma tradicional de producción, bregan por un cine que debe ser visto por millones de espectadores, no importa su calidad, poniendo como ejemplo a los famosos “años de oro” del cine argentino. Ese argumento es insostenible. Todo ha cambiado, se han introducido nuevas técnicas en los últimos años que han ido achicando los cines y se fue imponiendo el dvd, internet, hasta se va a poder ver cine por celular.
El BAFICI de este año vuelve a poner en el tapete esa discusión poniendo a disposición de los espectadores más de 400 películas, entre largos, medios y cortometrajes de más de 40 países de los cuatro continentes, incluyendo alrededor de 50 películas nacionales.
Esto significa que se sigue filmando en todo el mundo de muchas formas, con distintos estilos, distintos lenguajes y miradas, distintas formas de producción, de todos los géneros, documentales, docuficciones y ficciones, de animación, musicales, etc.
Un humano sólo puede ver entre veinte o treinta largometrajes durante los diez días del Festival, así que es muy difícil hacer un balance del conjunto de films. Lo que puedo decir es que las veinte películas que pude ver fueron de una calidad homogénea. Habría que resaltar las excelentes películas israelíes Z32 y Waltz with Bashir o tambien sobre el tema palestino el poderoso documental Rachel. Otras perlas fueron la checa The Karamazov y la rusa Yury´s day. Se pudieron ver también films de las francesas Claire Denis y Agnes Varda y de directores coreanos, portugueses, chilenos, filipinos, etc.
Es importante destacar que una importante cantidad de films fueron operas primas, lo que demuestra que en el mundo también se sigue fomentando a los nuevos realizadores que tratan de enfrentarse a las fórmulas probadas y gastadas que hoy pueblan un gran porcentaje de las pantallas aquí y en todo el planeta.
Sin duda todo puede mejorarse, aunque organizativamente el Festival funcionó mejor que el año pasado, lo que no puede ocurrir es que se pierda la oportunidad de acceder al mejor cine que se está haciendo en el mundo.
Aprovecho para saludar con alegría la inauguración de las tres salas de Artecinema, en la Plaza Constitución, con proyectores y sonido de primera, excelente programación, buenos precios y muy buenos asientos. Es una apuesta riesgosa que debe ser apoyada por nosotros continuando con el hermoso rito de ir al cine, aunque se caiga el mundo.
A.P.