DE LOS INDIGNADOS ESPAÑOLES

  • No es crisis es estafa
  • Cría ricos y te comerás sus crisis
  • Si no salimos en los periódicos saldremos en los libros de historia
  • Me gustas democracia porque estás como ausente
  • Ya tenemos el sol, ahora la luna
  • El pueblo reflexiona, por eso está en la calle
  • Te oigo quejarte en casa, sal a la calle a que te oigan
  • La única causa de la pobreza es la riqueza
  • Precaución, ciudadanos pensando.
  • Nuestros sueños no caben en vuestras urnas.
  • No somos ilusos somos ilusionistas

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miércoles, 13 de noviembre de 2013



           El día en que todo cambió
http://www.pagina12.com.ar/commons/imgs/go-gris.gif Por Ariel Dorfman *
Si estoy con vida, si cuarenta años más tarde puedo contar la historia del golpe del 11 de septiembre de 1973, es gracias a la ciega generosidad de mi amigo Claudio Jimeno.
Lo recuerdo ahora tal como lo vi entonces, cuando me despedí de él sin saber que se trataba de una despedida final, sin saber que en poco tiempo él estaría muerto y yo iba a sobrevivir, ninguno de los dos anticipando que los militares lo matarían a él en vez de ensañarse conmigo.
Nos conocimos en 1960, cuando los dos cursábamos el primer año de estudios en la Universidad de Chile. Incisivos sobresalientes y una mata de pelo negro erizado le habían merecido un apodo, Conejo, que luciría hasta el día de su muerte. Estaba de novio con Chabela Chadwick, una estudiante de química, y cuando yo comencé a salir con Angélica, mi futura mujer, los cuatro participábamos, junto a otros entusiastas condiscípulos, en un raudal de actividades: bailes y paseos a la playa y, sobre todo, sumándonos a manifestaciones de protesta. Porque lo que en última instancia más nos unía, más allá de compartir confidencias y esperanzas, era una feroz necesidad de batallar por la justicia social en un continente de extrema pobreza y desarrollo frustrado.
Como millones de otros chilenos, Claudio y yo éramos fervientes seguidores del socialista Salvador Allende, que proclamaba –en una época en que la guerrilla se alzaba con furia en toda América latina– que era posible una revolución en nuestro país sin recurrir a la violencia, que podíamos crear una sociedad más justa y soberana por medios democráticos y pacíficos. Nuestros sueños se hicieron realidad cuando, diez años más tarde, Allende ganó las elecciones presidenciales de 1970.
Los sueños y la realidad, sin embargo, no siempre van de la mano.
Ya a mediados de 1973, el gobierno de Allende estaba asediado por sus enemigos internos y externos y la creciente amenaza de un pronunciamiento militar. De manera que cuando Fernando Flores, el secretario general de Gobierno del Presidente, me pidió que sirviera como su asesor de prensa y cultura, no tuve la menor duda. Una de mis responsabilidades más urgentes era que debía hacer guardia una vez, cada cuatro noches, en La Moneda, para que pudiera comunicarme con Allende en caso de alguna emergencia. Las otras noches se rotaban entre tres otros asesores, uno de los cuales era Claudio Jimeno.
De manera que cuando me di cuenta de que me tocaba dormir en La Moneda la noche del lunes 10 de septiembre, nada más natural, entonces, que canjear ese turno con mi viejo amigo, pedirle si era posible hacerme cargo de su guardia del domingo 9 de septiembre. Me convenía ese domingo porque era la única ocasión que tenía para mostrarle a Rodrigo, mi hijo de seis años, la galería de retratos de los primeros mandatarios de Chile y para que experimentara, antes de que su madre viniera a buscarlo, ese momento mágico en que las luces del Palacio se prendían al crepúsculo.
Claudio asintió sin la menor vacilación. En esos tiempos azarosos, pasar aunque fuera una hora extra con el hijo al que no teníamos la certeza de ver al día siguiente constituía un regalo insuperable. De hecho, me agradeció el trueque, ya que le permitía gozar de un domingo tranquilo con Chabela y sus dos hijos.
Y entonces quiso la buena y la mala suerte que fuera Claudio Jimeno el que respondió el teléfono en la madrugada del 11 de septiembre de 1973, recibiendo la noticia de que el golpe, liderado por el general Augusto Pinochet, había comenzado. Y fue Claudio el que llamó a Allende y Claudio el que luchó a su lado en La Moneda y Claudio el que terminó siendo apresado y luego torturado y finalmente muerto, convirtiéndose en uno de los primeros chilenos desaparecidos. Mientras que yo desperté al lado del amor de mi vida, de Angélica, y traté de llegar a La Moneda y no pude lograrlo y heme aquí, cuarenta años más tarde, conmemorando a mi amigo y lo que se perdió y lo que se aprendió, y recordando, porque Claudio no lo puede hacer, cómo mantuvimos viva la esperanza en medio de la oscuridad. Heme aquí, todavía sin poder visitar la tumba de Claudio porque los militares que lo mataron todavía no revelan dónde echaron su cuerpo vejado.
El destino de Claudio prefiguró el de su país.
Nos aguardaban décadas de represión y pavor, de pesadumbre y combate. Aun cuando terminamos derrotando a la dictadura, nuestra democracia restaurada se vio severamente restringida. La siniestra Constitución de Pinochet, aprobada en un referéndum fraudulento en 1980, sigue siendo hasta el día de hoy la ley suprema de la república, obstaculizando tantas reformas imprescindibles que el país reclama.
Si bien aquel 11 de septiembre de 1973 fue trágico para tantos chilenos, también tuvo consecuencias más allá de nuestras orillas remotas. El naufragio de la revolución chilena repercutió en forma significativa en Europa, donde llevó a una fundamental reorientación de la izquierda en varios países (notablemente España, Francia e Italia), la certeza de que no bastaba con una mayoría electoral exigua para llevar a cabo transformaciones sustanciales en la sociedad, sino que se necesitaba un consenso amplio y profundo. En los Estados Unidos, la intervención de la CIA en la caída de Allende fue uno de varios factores que condujeron a investigaciones del Congreso, estableciendo leyes limitando las intromisiones del Poder Ejecutivo norteamericano en los asuntos internos de otras repúblicas, abriendo una discusión que es en este momento más perentoria que nunca, en vista de que los presidentes norteamericanos siguen adjudicándose el derecho a inmiscuirse ilegalmente en cualquier rincón de la Tierra donde sus intereses podrían peligrar, es decir, matar y espiar en todo el mundo.
El legado más crucial, sin embargo, del 11 de septiembre chileno fueron las estrategias económicas implementadas por Pinochet. Mi país se convirtió, en efecto, en un laboratorio para un salvaje experimento neoliberal, una tierra donde la avaricia desmedida, la extrema desnacionalización de los recursos públicos y la supresión de los derechos de los trabajadores fueron impuestas con virulencia a un pueblo desamparado. Muchas de estas políticas fueron adoptadas más tarde por Margaret Thatcher y Ronald Reagan (así como por líderes en el resto del globo), acarreando una disparidad escandalosa en la distribución del ingreso y la riqueza y, podría argüirse, creando condiciones para las últimas crisis financieras que han sacudido al planeta. Por cierto, este modelo chileno de un libre mercado exorbitante y sin frenos no ha perdido hoy su atractivo. La drástica y desastrosa privatización del sistema previsional sufrida en Chile es enaltecida por derechistas de todas las estampas como una “solución” al “problema” de las pensiones de los jubilados. Y recientemente, The Wall Street Journal, en un editorial, sugería que “ojalá los egipcios tuvieran la buena suerte de que sus nuevos generales reinantes resultaran ser como Augusto Pinochet de Chile”.
Afortunadamente, Chile no exportó únicamente las peores experiencias surgidas de la asonada militar. También ha servido como un modelo de cómo un pueblo desarmado puede, a través de la no violencia y una ardua campaña de desobediencia civil, conquistar el miedo y liquidar a una dictadura. Los alentadores movimientos de resistencia y en favor de la democracia que han brotado en todos los continentes durante estos últimos años prueban que el futuro no tiene que ser despiadado, que el 11 de septiembre chileno no marcó el final de la búsqueda de libertad y justicia social por la que murió Claudio Jimeno, que tal vez su sacrificio no fue enteramente en vano.
Y, sin embargo, no me puedo consolar. Cuarenta años más tarde todavía recuerdo su sonrisa de conejo cuando me dijo adiós en La Moneda aquella noche del 10 de septiembre de 1973.
Al día siguiente, ese martes desbordante de terror en Santiago, muchas cosas cambiaron para siempre, cambios políticos y económicos que alteraron a Chile y, se podría aventurar, también al mundo. Pero cuando contemplamos el pasado, lo que necesitamos recordar es que finalmente la historia la hacen y padecen seres humanos reales, hombres y mujeres que quedan penosamente afectados. La historia consiste de muchos Claudios y muchos Jimenos de nuestra especie, uno más uno más uno.
Esa es la historia irreparable, la que nos duele y conduele: no puede Claudio despertar, como lo hago yo cada mañana, al canto interminable de los pájaros.
Claudio Jimeno, el amigo que murió en mi lugar cuarenta años atrás, nunca ha de ver a sus nietos crecer, nunca podrá sonreírse cuando lo llamen Abuelo Conejo.
* Escritor chileno. Su último libro es Entre sueños y traidores: un striptease del exilio.

lunes, 6 de mayo de 2013


LA MATÉ PORQUE ERA MÍA
Qué es el femicidio?

Es un concepto que aborda la violencia de género que termina en asesinato de las mujeres, es una forma extrema de violencia basada en el género y es, también, una forma de dominación y control que los varones ejercen hacia las mujeres.
Es importante aclarar que no toda violencia que ocasiona la muerte de una mujer puede ser considerada como femicidio, porque cuando el género de la víctima es irrelevante para quien la asesina, se trata de un asesinato no de un femicidio.
A mediados de 2012 en la Cámara de Diputados se aprobó la incorporación del concepto de “femicidio” en el Código Penal Argentino, esta medida considera al asesinato por violencia de género como un caso de homicidio agravado, que establece “agravantes por el vínculo” y descarta el uso de atenuantes cuando el hombre tenga antecedentes por violencia.
Estas medidas ayudan, pero todos sabemos que no detendrán la violencia contra las mujeres, todos sabemos que mientras sea tan enorme la desigualdad entre mujeres y varones, y mientras los varones se sientan con derecho sobre las mujeres, éstas permanecerán en condiciones precarias, serán vistas como de menor valor en la sociedad y sometidas a la violencia masculina. Necesitamos una educación que marque las diferencias de género sin discriminación, que enseñe que el sometimiento no es una forma común de trato y que violentar ya sea a los hombres o a las mujeres no es normal. Las sociedades tenemos que aprender que nadie es mejor o peor por ser diferente.
Al respecto de esta incorporación al Codigo Penal esto decía el juez Carlos Rozanski :
“Todos estuvimos de acuerdo en que la definición del femicidio es la muerte de una mujer por su condición de tal. Si un ladrón entra en un banco y mata a una mujer, esa víctima no fue muerta por mujer, pero cuando un señor le prende fuego a la esposa, la condición de mujer es esencial. Es un compromiso muy importante de nuestra sociedad aprender a diferenciar. Debemos incorporar el femicidio a la legislación, pero además a la cultura a través de la enseñanza, en la escuela primaria, donde se transmite el imaginario de la mujer como objeto. Los niños son educados en el paradigma histórico patriarcal, masculino. Y quien reproduzca esta vieja lógica tiene que generar una reacción social que lo aparte inmediatamente de su función.”
Y por casa cómo andamos?
Se conoció en febrero de este año el informe del Observatorio de Femicidios en Argentina, que dirige La Casa del Encuentro donde se denuncia que a lo largo de 2012, se registraron en promedio cinco femicidios por semana. En total fueron ejecutadas 255 mujeres por el hecho de ser mujeres. El 63 por ciento fue ultimada por su esposo, amante, novio o ex pareja. El impacto social de la violencia machista dejó en el último año 357 hijos e hijas huérfanos, 248 de ellos menores de edad.
El Observatorio lleva adelante el registro de los casos publicados en las agencias informativas y en 120 diarios del país. Contabiliza los homicidios de mujeres por razón de género, es decir, casos que no tienen que ver con robos, secuestros u otras situaciones de la llamada “inseguridad” urbana, recordó Ada Beatriz Rico, directora de la Casa del Encuentro.
Además en el estudio se contabilizaron 24 casos de “femicidios vinculados” de varones o niños, en 2012. Algunos de los chicos, hijos de una mujer también asesinada en el mismo hecho o de la que el autor del ataque se quería vengar eliminando lo que ella más quería.
Otros datos que aporta el análisis del Observatorio:
- 5 de las víctimas estaban embarazadas.
- 26 presentaban indicios de abuso sexual.
- 25 casos tenían denuncias iniciales, realizadas por familiares, de desaparición.
- 7 mujeres que tenían antecedentes de sufrir violencia de género en el marco de sus parejas permanecen desaparecidas desde 2004.
En relación con el vínculo entre el presunto femicida y la víctima, el Observatorio señala que en 95 casos se trataría del esposo, pareja, novio o amante; en 65, una ex pareja; en 11, el padre; en 21, otros familiares; en 18 vecinos o conocidos; en 5 de los asesinatos, un hijo; y en 40 no habría relación aparente. Es decir, la mayoría de los femicidios fueron perpetrados, según los datos publicados, por la pareja o ex pareja de la mujer.
Según la Casa del Encuentro se trata de entender que la violencia de género no es el excepcional producto de la psicopatía individual, sino la más trágica consecuencia del patriarcado. El extremo último de la vulnerabilidad a la que la violencia machista somete a la mujer en el día a día, silenciosamente. La muerte violenta como última arma del varón que oprime a la mujer para impedir su libertad.
Fabiana Tuñez, coordinadora ejecutiva del Observatorio y cofundadora de la ONG afirma que “ es necesario considerar la violencia sexista como una cuestión política, social, cultural y de derechos humanos. El femicidio es una de las formas más extremas de violencia hacia las mujeres, es el asesinato cometido por un hombre hacia una mujer a quien considera de su propiedad”.             
Por eso el título de esta nota.
                                                                                   Rita Awiron

MARZO

                                                                    MARZO

   Cuando era chica Marzo se instituyó para mí como el verdadero comienzo del año. En  marzo se desdibujaban  la modorra del verano,  los juegos al aire libre hasta tarde, los juegos con agua…Y acompañando a los madrugones, iban apareciendo los colores del otoño junto a  las pinturitas para el “cole” y el olor de las mandarinas.
    Con el correr de los años, Marzo se mantuvo siempre como  esa campanada de fin de recreo y de llamada a rumbear el año y mi vida. Mi vida en la que, por decisión o por asalto, se iba entretejiendo lo singular, con lo colectivo y lo social.
     Ser mujer disparó perplejidades, rebeldías y muchos interrogantes, de chica en forma difusa, y en la adolescencia como repiqueteo de molesto despertador.
    Comenzar a trabajar me sumió en otro escenario, el enorme escenario de las injusticias sociales y la conculcación de derechos. Como maestra en nuestra escuela pública, aprendí  que la proyección de una sociedad mejor se enlaza a  una educación que respete y aliente la iniciativa creadora y el espíritu crítico de los niños. Fueron años de estar con las manos en la masa, en lo social y en lo personal. 
     En esos años, repensar el ser mujer no estuvo muy presente para mí, y el 8 de marzo pasaba de largo…más bien con un leve ruidito: ¿para qué un día de la mujer? Pero caminar este interrogante resultó postergado porque…
     Porque un feroz tajo hizo sangrar las entrañas de nuestra sociedad y las mías, el golpe del 24 de marzo del 76. Se reconocían caídos en supuestos enfrentamientos de armas, pero, a pesar del ocultamiento y la desmentida, emergía la horrorosa verdad, para todo aquel que no prefería negarla: las desapariciones masivas entre aquellos que, desde ámbitos sociales, gremiales o políticos trabajaban  por cambios sociales a favor de las mayorías.
      Entonces el 24 fue adquiriendo su enorme carácter de bandera, amasada por diversos grupos y organismos, pero con un norte marcado por la aparición  conmovedora  de ellas, las “Locas de la Plaza”
      Cuando nuestro país emergió del infierno, mi trabajo en psicoterapia me reconectó con las inquietudes de la adolescencia. Fue la escucha de mujeres que hablaban de su malestar, y  la conexión de ese malestar tanto con la teoría, como con  mi propia experiencia de vida. Lo singular y único de cada una, era una trama  debajo de la  cual traslucía la urdimbre de las relaciones  establecidas entre los sexos.
     La cuestión a transitar era lo femenino y lo masculino en la cultura. Desde mi trabajo, en la estructura psíquica, pero también desde el conocimiento de una historia de colectivos de mujeres que estaban en esto desde hacía mucho. El 8 de marzo, ahora, me representaba.
       Por eso, cada marzo me trae al primer plano palabras que se aúnan en una misma dirección: Mujer, Memoria, Verdad, Justicia. Todas resuenan con fuerza, simbolizadas en dos fechas entrañables, el 8 y el 24
     Los movimientos de mujeres, se consideren feministas o no, pujan por transformaciones sociales que aportan vida a la vida: defendiendo la tierra y el agua (como los movimientos de mujeres campesinas), la soberanía de nuestro cuerpo, los derechos jurídicos y laborales, la educación, la salud y la vivienda, la libertad, la diversidad.
    Este quehacer  nos saca del  refugio en la queja y la autocomplacencia y nos convierte en mujeres públicas, limando el supuesto antagonismos y exclusión entre lo que antaño se consideraba de adentro o de afuera del hogar; que, en términos más actuales  suele nombrarse como lo personal y lo social, y que ha sido decantado por el pensamiento feminista en la potente síntesis: “lo personal es político”
      Cuando llega Marzo el 8 y el 24 se  aúnan en el sentimiento, porque  en nuestro país, un grupo de mujeres, Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, parieron esa, su creación  fantástica, que convirtió el marzo de Marte, dios de la guerra, en nuestro Marzo de lucha por la vida.
                                                                              Inés Castellano

lunes, 3 de septiembre de 2012


En recuerdo de uno de los símbolos de la militancia popular Argentina
El inolvidable Envar El Kadri



Sin lugar a dudas, Envar “Cacho” El Kadri constituye uno de los símbolos de la militancia popular que en Argentina constituyó ese amplio movimiento que se conoció primero como la Resistencia Peronista a fines de los ‘50 y durante la década del ‘60 y luego el Peronismo Revolucionario. El almanaque señala fechas en la que el recuerdo necesariamente debe ser exteriorizado y al cumplirse diez años de su fallecimiento, nada mejor que recuperar a través de sus propias palabras esa parte de la historia que lo tuvo como protagonista.
Su militancia comenzó al poco tiempo de producirse el derrocamiento de Perón. Los bombardeos a la Plaza de Mayo, los fusilamientos de José León Suárez y la proscripción del peronismo fueron acontecimientos que lo marcaron a fuego. Sobre las causas que lo llevaron a él y a toda su generación a involucrarse activamente en la política Cacho decía: “Creo que la primera de todas fue un profundo sentido de rebeldía ante la injusticia”.
Apenas había salido de la adolescencia, junto a un puñado de compañeros fundó la Juventud Peronista. Al principio, las acciones que llevaban a cabo consistían en juntarse en la calle Florida y colgar algún retrato de Perón y de Evita, y desafiando al decreto-ley 4161 que prohibía a ambos nombrarlos en público gritaban consignas en su favor y cantaban la marcha peronista. “Era más bien ganar la calle y hacer actos de presencia, lo que después se llamaría agitación. Nosotros no conocíamos esos nombres, lo hacíamos empíricamente, un poco inorgánicos, como una forma de decir ‘aquí estamos’". Por supuesto que la represión no se hizo esperar y con la aplicación del Plan Conintes permanece preso entre los años 60 y 63.
Más adelante se organizaron en todo el país en el Movimiento de la Juventud Peronista , que luego originaría a las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), intentando en 1968 realizar un foco guerrillero en Tucumán, que no se pudo concretar al ser descubiertos por el ejército.
La adopción de la lucha armada como práctica política fue decidida luego de que fracasaran los intentos de golpes de militares peronistas y de que se impida el regreso de Perón: “En el año 66 quedó abierta la vía de la lucha armada por todos los medios, los militares prometen gobernar por veinte años, prometen ser los reorganizadores del país, van a ser una nueva república, y otra vez, con ese gobierno militar de Onganía la variante de ajuste pasaban a ser los trabajadores, otra vez la misma excusa de que había una necesidad de cerrar los ingenios que eran estatales, que había que privatizarlos, había que echar a la gente a la calle, entonces allí hubo para nosotros un punto de inflexión y ahí fue donde decidimos organizarnos para la lucha armada, una parte rural otra parte urbana, y enfrentar a los militares en el único terreno que ellos nos dejaban, que era el de la lucha armada”.
A pesar del fracaso de Taco Ralo, las FAP se constituyeron en el primer grupo que tuvo una continuidad en la lucha armada en Argentina: “Uno con el fracaso puede hacer una novela de llorar y estar lamentándose toda la vida, o puede convertirla en una campana de largada de algo, en nuestro caso de inmediato la solidaridad de la gente, el hecho de que nos reconocieran como militantes, el hecho de que no hubiera ninguna duda de que todo lo que habíamos hecho estaba en función de la lucha y la revolución hizo que nos sintiéramos reconfortados. Éramos un grupo de jóvenes argentinos que sin ayuda de nadie había tomado la decisión de llevar adelante una lucha revolucionaria y la habíamos empezado a hacer. No es que nosotros un día nos despertamos como rebeldes o violentos y decidimos cambiar el mundo, sino que veníamos de esa larga militancia a pesar de nuestra juventud y de haber sido contemporáneos de todo ese proceso de ataque a los valores de la soberanía popular, de la democracia y conquista de los trabajadores”.

“No nos han vencido”
Las movilizaciones populares que se sucedieron a partir del Cordobazo, el auge de las organizaciones armadas y la campaña electoral que llevaron a Cámpora a ocupar la presidencia por unos días Cacho El Kadri lo vivió desde la cárcel: “Parecía que estábamos al borde de la revolución” afirmaba en relación al 1973 y agregaba: “Esta idea del borde de la revolución es buena, porque también uno puede estar al borde del precipicio, estábamos al borde y confundimos ese gran apoyo y esa gran participación popular en todo el movimiento que sirvió de resistencia a la dictadura y que la acorraló y la obligó a dar elecciones y permitir que participara el peronismo y que Cámpora ganara en la primera vuelta. Esa fue una gran confusión de creer que todo el gran apoyo que había al movimiento de revuelta y resistencia a las dictaduras era un apoyo directo a los postulados de cada organización”.
“Quisimos forzar los tiempos de la historia, no fuimos capaces de ver que los pueblos tienen otros tiempos, y había que haber respetado esos tiempos” afirmaba a modo de balance: “La gente entre el tiempo y la sangre elige el tiempo, dice que no vamos a sacrificar lo poco que tenemos, consolidémoslo. No es tan lineal todo, porque hubo muchos grupos que trataron de parar eso, el Peronismo de Base con esa idea de construir una organización independiente de los burócratas o de los traidores y trabajar con las bases, dentro de Montoneros también hubo expresiones que veían eso, pero ya los tiempos se habían agotado y la dictadura militar se instauró para acabar con cualquier tentativa aún reformista o contestataria, no hablemos ya de una tentativa revolucionaria”.
A partir del ‘75 se exilió en Francia, desde donde denunció internacionalmente los crímenes de la dictadura militar. Con el retorno de la democracia se dedicó a temas culturales, adoptando como oficios la producción cinematográfica y la dirección de un sello discográfico, pero siempre intentando aportar a la reconstrucción del movimiento nacional y popular.
Sus obsesiones fueron el recuerdo de los compañeros caídos y la voluntad de configurar la memoria histórica de nuestro pueblo, en ese sentido su aporte a través de charlas y encuentros -sobre todo con los jóvenes-, sea en barrios, universidades o actos en todo el país, fue invalorable.
“Como modelo de país no es este el que soñamos” decía en el año ‘96, “no es este el país por el cual lucharon y entregaron su vida nuestros compañeros, este es el país del individualismo, del no te metás, del sálvese quién pueda, de la exclusión social, del modelo económico que beneficia a unos poco y deja con el rótulo ahora de marginales a la mayoría de la población”.
A pesar de esa situación Cacho El Kadri afirmaba que “no nos han vencido, porque somos muchos los que inorgánicos, independientes, fuera de los partidos o modelos existentes seguimos pensando que es posible construir otro país, que es posible transformar las relaciones de competencia, de pisarle la cabeza al que está al lado, de trepar, de ganar, este modelo que nos han puesto como el único posible, el modelo del triunfador”.
Nunca se calzaba el traje de militante para hablar en un acto o tener una discusión política, su militancia era la vida misma. Sostenía que para luchar no se necesitaba "leer algún manual" ni que la revolución se hacía "con escuadras o tiralíneas", sabía que bastaba identificarse con la lucha del pueblo y que sólo "hay que sentir como propia cualquier injusticia que se cometa contra cualquiera en cualquier parte del mundo", haciendo suya con total autoridad la frase del Che Guevara. Con humildad y con todas esas premisas buscó hasta el final "cavar la propia trinchera donde luchar".
El 19 de julio del ‘98 ese corazón grande que tenía le dijo basta, tenía 57 años cargados de lucha, solidaridad y ternura. Quienes tuvimos la suerte de conocerlo sentimos la obligación de dar testimonio sobre su lucha -que es la misma por la que dieron la vida miles de militantes- y de continuar intentando cambiar este presente: “Así creo que esa derrota de un proyecto de país liberado se va ir revirtiendo en la medida de que cada uno de nosotros seamos capaces de construir desde nosotros mismos ese mundo solidario, más justo, más fraterno, más igualitario que soñamos y por el cual luchamos”.


                                                   UNA MATANZA ENTERRADA



En estos últimos días ocurrió un hecho insólito: en una reunión en la que participaron alrededor de mil quinientas personas en la provincia de Santa Fé en la que se recordaba un aniversario del levantamiento agrario conocido como Grito de Alcorta, durante el cual los pequeños agricultores de la época se levantaron contra las indignantes condiciones de trabajo que tenían en los primeros años del siglo pasado. Se enfrentaron a sus patrones nucleados en la Sociedad Rural. Aunque parezca mentira en la reunión mencionada el actual titular de la Federación Agraria, que se supone representa a los pequeños agricultores, se sentó junto al actual titular de la Sociedad Rural.
Olvidos, perdones, complicidades, enterramientos de la memoria histórica hay muchos y hoy queremos recordar un hecho absolutamente tapado, la masacre de Napalpi, ocurrida el 19 de julio de 1924 en la provincia del Chaco durante la presidencia de Marcelo T. de Alvear. Fueron asesinados ese día más de 200 indígenas mocovíes y tobas.
Melitona Enrique tenía en ese momento 23 años y a los 107 años declaró que " los cuervos no volaron durante una semana de tan llenos que estaban por los cadaveres que se comieron". A la mañana del 19 de julio 130 policias, gendarmes y civiles salieron con sus Winchester y Mauser de Qutilipi hacia Napalpí en donde estaban los indígenas protestando, "alzados" se les decía y estuvieron durante 45 minutos disparando matando a hombres, mujeres y niños, solo quedó en el aire silencio y la humareda de los fusiles. Un periódico de la época, Heraldo del Norte decía: "Como a las nueve y sin que mediara un sólo disparo desde los inocentes indios los policias empezaron a disparar sus fusiles matando a más mujeres y niños que hombres. Se produjo entonces una cruel y cobarde carnicería, degollando a los heridos sin respetar sexo ni edad".
La historiadora Mercedes Silva cuenta que uno de los líderes de la huelga, el mocoví Pedro Maidana "fue asesinado brutalmente y se le extirparon los testículos y una oreja para ser exhibidos como trofeo de guerra. Se dispararon más de 5000 tiros, se degollaron y colgaron a los sobrevivientes, se los enterró en fosas comunes mientras a otros se los quemó. El cacique toba Esteban Moreno cuenta lo que vió:" en las tolderías aparecieron policias disparando mientras una avioneta tambien disparaba, nos dimos cuenta que fue una masacre porque no hubo un solo muerto ni herido entre los policias, no hubo lucha, fue una matanza, por eso ahora ese lugar se llama Colonia La Matanza".
La redución de Napalpí fue fundada en 1911 y allí se reunieron indígenas mocovíes, tobas, pilagá, abipón y charrúa, que trabajaban la tierra. El corresponsal de La Razón, Federico Gutierrez, en 1924, confesaba con sinceridad: "Muchas hectareas en flor están en poder de esos pobres indios; quitarles esa tierra es una ilusión que muchos desean en secreto".
    Cuarenta niños sobrevivientes fueron reducidos y enviados como sirvientes a los estancieros. En el expediente judicial los policias negaron la matanza. Según la versión oficial, los oficiales llegaron con un pañuelo blanco, fueron recibidos con disparos por los aborigenes y ellos sólo mataron a tres caciques y a otro aborigen. El expediente fue archivado y no hubo culpables. Aunque dijeron que ochocientos indios se habían escapado al monte, no hubo ningun intento por buscar declaraciones de los supuestos escapados. Los bienes de la reducción fueron saqueados.
Entre los sobrevivientes, la mencionada Melitona Enrique corrió hacia el monte con su madre, murieron sus abuelos, tios y primos, estuvieron varios días y noches sin comer. Vivió muchos años, hasta los 107, cuando cumplió años en 2008 el gobierno chaqueño pidió disculpas por la masacre, le regaló una silla de ruedas y le prometió una casa de ladrillos.
En las mesas llenas de buena comida y regadas de buenos vinos en Santa Fé, conmemorando el Grito de Alcorta,¿ alguien se habrá acordado de los 200 indígenas asesinados en Napalpí?.

domingo, 15 de abril de 2012


LAS BALDOSAS DE LA MEMORIA

  El secuestro y la desaparición de personas durante la dictadura cívico-militar  dejo profundas huellas en la sociedad. Huellas que no terminan de curarse. Y en consecuencia, siguen existiendo numerosas organizaciones y movimientos sociales que diariamente vuelcan su actividad a la defensa de los derechos humanos,  para buscar justicia y para rescatar la memoria y la vida de los que fueron sus victimas. Como existen muchos movimientos, también sus actividades y formas de trabajo e importancia pública son diversas. Hay modos colectivos novedosos de expresión, aunque siempre el objetivo es hacer explícito y público algo, que de otro modo permanecerá privado y oculto.

   El uso de espacio público simbólico y material tangible, juega un papel necesario y esencial  en la interacción social para poder generar trascendencia. Entre otras, son las calles, las veredas, las plazas y las paredes las que permiten una conexión inmediata con el otro que comparte el mismo espacio, concreto o virtual. En el caso de Buenos Aires y para el uso social y colectivo de dichos espacios rigen condicionamientos, que son leyes y normas dictadas y reguladas por el gobierno de la ciudad. Esto significa que los permisos  para usos y para realizar actos y actividades, que no se circunscriben a la mera circulación  o el uso “inocente”, deben ser tramitados y concordados con las oficinas habilitadas al efecto en la CABA.

  Uno de los colectivos que utiliza el espacio público para la recuperación de la memoria colectiva es el movimiento de la colocación de baldosas con los nombre de los desaparecidos Barrios X Memoria y Justicia. El mismo no tiene el propósito de convertir aquéllas en tumbas y lápidas a la manera de una persona, cuya muerte y cuerpo han sido reconocidos y el entierro ritualizado o por lo menos legalizado. Sino, y según el material testimonial recolectado, la intención es primeramente buscar sus huellas en los barrios, contactarse con los vecinos, familiares y compañeros de trabajo y/o militancia para armar la historia de vida de cada uno. Es una forma de dejar testimonios sobre los desaparecidos y su historia. En algunos de los blogs barriales se  reafirman “que las baldosas no son lápidas, son rescate de la vida y pelea de nuestros compañeros.

   Pero en este accionar para recuperar la memoria, también existen otros objetivos que tienen que ver con el de conocer la verdad y reclamar la justicia, dos aspectos inseparables  del movimiento, necesarios para no volver a repetir los horrores del pasado, y ofrecer una estructura de contención emocional íntima y colectiva.  Es en este marco que un espacio y/o un acto público adquieren su trascendencia e importancia ya que permite articular los fragmentos de la vida en una configuración mayor que le da el sentido al mundo y sus cosas. Debemos recordar que las personas desparecidas mayoritariamente no tienen tumba, donde sus deudos y amigos hubieran podido llorar.

   Ya que las baldosas testimoniales no son meras lápidas, podemos suponer que también conllevan más motivos para existir. El objetivo de una tumba “convencional” y su lápida “legalizada” es no olvidar al difunto, transmitir un recuerdo, pero, y fundamentalmente, debe existir un cuerpo en ese lugar. Las baldosas tienen algo de esto, uno de sus atributos es transmitir y preservar la memoria de la persona cuyo nombre aparece en la placa. Pero por otro lado, en estos casos estamos en presencia de placas testimoniales colocadas en lugares donde no hay cuerpos, sólo sus nombres. Los nombres están y con ellos, la materialización simbólica de las personas que vivieron, trabajaron, estudiaron o militaron en aquellos lugares. Sus nombres en las placas transmiten su identidad y pertenencia vinculante a un colectivo. De este modo se instala como una conexión entre el nombre, los hechos del pasado y la vereda pública en la cual los desaparecidos dejaron sus huellas, aunque físicamente no yacen bajo su manto.

 Aunque no existe una rigidez formal son actos profunda y tragicamente solemnes y emotivos donde se vuelcan sentimientos, recuerdos, bronca. .Son momentos donde un colectivo de familiares, compañeros, amigos dejan inscripta en las veredas de Buenos Aires la presencia de aquellos a quienes se les pretendió despojar de toda entidad, pero que son y serán la historia misma de los años de plomo.

 Los Vecinos Memoriosos de Caballito hemos participado de algunos de los actos mencionados, especificamente en la colocación de una baldosa en Neuquen y Martín de Gainza y en las cuatro que recuerdan a las alumnas y profesoras desaparecidas del Normal 4. En la actualidad calculamos que en la ciudad hay colocadas más de 150 baldosas.
                                                                                                          MN/AL
                               EL ANILLO DEL CAPITÁN BETO    LUIS ALBERTO SPINETTA

Ahí va el Capitán Beto por el espacio,
con su nave de fibra hecha en Haedo.
Ayer colectivero,
hoy amo entre los amos del aire.

Ya lleva quince años en su periplo;

su equipo es tan precario como su destino.
Sin embargo un anillo extraño
ahuyenta sus peligros en el cosmos.

Ahí va el Capitán Beto por el espacio,

la foto de Carlitos sobre el comando
y un banderín de River Plate
y la triste estampita de un santo.

¿Dónde está el lugar al que todos llaman cielo?

Si nadie viene hasta aquí
a cebarme unos amargos como en mi viejo umbral
¿Por qué habré venido hasta aquí, si no puedo más de soledad?
Ya no puedo más de soledad.

Su anillo lo inmuniza contra el peligro,

pero no lo proteje de la tristeza.
Surcando la galaxia del Hombre,
ahí va el Capitán Beto, el errante.

¿Dónde habrá una ciudad en la que alguien silbe un tango?

¿Dónde están, dónde están
los camiones de basura, mi vieja y el café?
Si esto sigue así como así, ni una triste sombra quedará,
ni una triste sombra quedará.

Ahí va el Capitán Beto por el espacio,

regando los malvones de su cabina.
Sín brújula y sin radio,
jamás podrá volver a la Tierra.

Tardaron muchos años hasta encontrarlo.

El anillo de Beto llevaba inscripto un signo del alma.

domingo, 12 de abril de 2009