miércoles, 13 de noviembre de 2013
martes, 30 de julio de 2013
lunes, 6 de mayo de 2013
lunes, 3 de septiembre de 2012
domingo, 15 de abril de 2012
miércoles, 6 de julio de 2011
¡INDIGNADOS DEL MUNDO UNÍOS!!!!
INDIGNADO/DA. adj. Que está muy enfadado o disgustado por algo que considera injusto, ofensivo o perjudicial. Diccionario de la Real Academia Española de Letras. Ed. 2007.
Pero hete aquí, mis estimados, que estos INDIGNADOS, la mayoría de ellos jóvenes que llenan y acampan en las plazas de España, de Grecia, de Francia, de Turquía, no son precisamente gente que esté simplemente enfadada o meramente disgustada, esa gente (que es gente como nosotros, que es la gente de todos los días), mis estimados -a decir verdad-, a esta altura de la historia, está literalmente harta.
No deja de ser cierto que el Movimiento de los Indignados, que en un primer momento se plasmó en España en la madrilisima Puerta del Sol y en simultaneo en la emblemática Plaza de la Bastilla en el corazón de Paris, se haya inspirado en un breve pero contundente libro del escritor francés Stéphane Hessel titulado “Indígnense”, pero sin embargo resulta infantil y simplista pensar que decenas de miles de personas pueden autoconvocarse y a su vez convocar la atención mundial en la inspiración surgida de la lectura de un ensayo.
Estratégicamente es importante destacar, como cuestión novedosa, la capitalización de la experiencia acumulada en anteriores movilizaciones populares, el Movimiento de los Indignados, al igual que lo acontecido en la revuelta egipcia que culminó en la ocupación masiva de la Plaza Tahrir, se conformó y consolidó en una primer momento en base a un proceso de autoconvocatoria basado fundamentalmente en la coordinación horizontal ejercitada a través del uso masivo de las redes sociales.
Resulta más que obvio que el reclamo gestado trasciende en su real contenido y envergadura la etérea imagen grafica de jóvenes alegres, enojados y visiblemente insatisfechos. El eje del cuestionamiento es el anticapitalismo; es la crítica feroz a una estructura política en crisis que emerge a través de una desgastada y desprestigiada pseudo democracia representativa; es el desempleo crónico; es el recorte en los presupuestos de salud y educación en aras de satisfacer a cualquier costo las exigencias de los mercados financieros; es la privatización enmascarada de los servicios públicos y la enajenación al mejor postor del patrimonio nacional, todavía suena en los oídos de los griegos las palabras de Strauss Khan cuando en su rol de mentor del FMI afirmo que Grecia para salir de la crisis, menos el Partenón, debía vender el resto.
En la convocatoria de Bilbao, los Indignados vascos en su Manifiesto finalizaban diciendo: “...Por eso estamos aquí, para empezar a construir un BASTA europeo y generalizado. Es imprescindible que los pueblos detengan la política de eliminación de las sociedades”. Y en uno de los tantos carteles emblemáticos desplegados por jóvenes catalanes se conceptúa la convocatoria continental de la propuesta: “¡Revolución en España, pueblos de Europa, despiértense!”.
Es indudable que la crisis esta enclavada en un anacrónico sistema político, social y económico en el cual lo único que no cuenta, lo único que no vale, lo que carece de consideración alguna, es la gente, y eso es precisamente lo indignante, y es esa legítima indignación lo que esencialmente moviliza la necesidad de producir el cambio. En Paris, en las puertas de la Sorbona se lee un graffiti que dice: “En mayo del ´68 decíamos, pidamos lo imposible. En mayo de 2011, decimos ¡Vamos a realizar lo imposible!”
El movimiento europeo transciende estructuralmente en su contenido contestatario el estricto marco coyuntural del “Que se vayan todos” de la Argentina de 2001, ni tampoco es comparable con las reivindicaciones políticas planteadas en las revueltas populares habidas en África del Norte o en el medio oriente. En el primer caso los cacerolazos anunciaban el rotundo fracaso del neoliberalismo de los ´90 con sus secuelas de miseria y el salvaje desguace del estado; en el segundo las masivas manifestaciones populares evidencian la perentoria exigencia de la imperiosa necesidad de participación democrática y la liquidación de estructuras dictatoriales represivas. El Movimiento de los Indignados se genera en el novísimo centro neurálgico del modelo capitalista, en la Zona Euro, las exigencias pasan por cuestionar el método de distribución de las riquezas, el replanteo de la jerarquización de los valores, el equilibrio en el consumo de los recursos naturales y la defensa del medio ambiente frente a la apetencia inescrupulosa de los grandes trust industriales, el previligiar el establecimiento de condiciones objetivas que garanticen la continuidad del trabajo genuino y creativo, en contraposición a las especulaciones financieras e inmobiliarias.
“... ¿Como concluir este llamado a la indignación? Convoquemos una verdadera insurrección pacífica contra los medios de comunicación de masas que no propongan como horizonte para nuestra juventud otras cosas que no sean el consumo en masa, el desprecio hacía los mas débiles y hacia la cultura, la amnesia generalizada y la competición excesiva de todos contra todos”. Stéphane Hessel.
J. R.
viernes, 8 de octubre de 2010
JUSTICIABLES – IMPUTABLES – CULPABLES
“Señores Jueces: Quiero renunciar expresamente a toda pretensión de originalidad para cerrar esta requisitoria. Quiero utilizar una frase que no me pertenece, porque pertenece ya a todo el pueblo argentino. Señores Jueces: NUNCA MAS.” Julio Strassera. (1985. Fragmento del alegato de la Fiscalia en el Juicio a las Juntas. ).
La prescripción de la acción penal es una causa de extinción de la pretensión punitiva del Estado por el mero transcurso del tiempo, establecida en beneficio a los individuos que cometieron un delito. Es por sobre todo un instituto jurídico de rango constitucional, y ello es así, en tanto nuestra ley fundamental incorpora, a partir del art. 75, inciso 2°, normas internacionales de aplicación obligatoria, entre otras las establecidas en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, en el cual se instaura el derecho inalienable “de ser juzgado dentro de un plazo razonable y sin dilaciones indebidas”, dicho de otro modo, si desde el momento que se comete el hecho delictivo hasta que se inicia el proceso judicial y aún iniciado sino se ha dictado la debida sentencia -habiendo transcurrido un determinado lapso de tiempo-, el presunto delincuente dejaría de serlo simplemente porque ya no podría ser legítimamente juzgado.
Sin embargo la referida regla tiene una honrosa excepción gestada a partir de la Convención de Ginebra de 1949, en la cual se formuló por primera vez con incidencia en la normativa jurídica internacional el concepto de imprescriptibilidad en los Delitos de Lesa Humanidad, y fue en base a esa concepción que se gestó posteriormente el emblemático juicio de Nuremberg.
En el Estatuto de la Corte Penal Internacional (Roma 1998) se denominan delitos contra la humanidad a aquellos que causan un agravio, una ofensa o un daño a todos los seres humanos sin distinción alguna. Son aquellos que tienen su origen en motivos políticos, raciales, religiosos, y que afectan a etnias o culturas.
Pero en el referido marco conceptual es intrínsecamente necesario que el delito haya sido cometido como parte de un ataque sistematizado, de conformidad a una política estatal preconcebida, y dirigido particularmente contra la población civil.
En el mentado ordenamiento legal se establecieron taxativamente once tipos de delitos penales que son considerados violatorios de la humanidad, entre ellos, y en la perspectiva de nuestra reciente historia resulta imperativo destacar los siguientes: El asesinato, como expresión material del homicidio intencionado; el encarcelamiento u otra privación grave de la libertad física en violación de normas fundamentales del derecho internacional; la tortura; la persecución de un grupo o colectividad con identidad propia por motivos políticos; y la desaparición forzada de personas.
El tratamiento político de los crímenes cometidos por la dictadura genocida en los ’70 ha sufrido, en el decurso de las últimas décadas, los claro oscuros de sus propios generadores. Baste recordar al respecto, que el Dr. Ricardo Alfonsín con el pretexto de restablecer el orden hogareño, echó por tierra las memorables sentencias del Juicio a las Juntas -que su propio gobierno había alentado-, promulgando sin el menor reparo las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. Tan generosa conducta precedió el accionar de Carlos Menem, quien en los ’90, con sus indultos dictados en un contexto general de impudicias, cerro a cal y canto, el perverso círculo que había ya impuesto las leyes de la impunidad.
Pero seriamos injustos si pusiéramos solamente en cabeza del poder ejecutivo de turno la decisión política de imponer el “borrón y cuenta nueva”. Fue necesario, acompañando y avalando sin reservas, la existencia de un parlamento amnésico que obedientemente levantase las manos, y una Corte Suprema que con su mayoría automática diseñase trasnochadas teorías que pusieran en duda la imprescriptibilidad de los delitos de lesa humanidad.
En el marco de este ominoso intento de olvido y perdón, los organismos de derechos humanos encabezados por las incansables Madres de Plaza de Mayo, por las Abuelas y la agrupación de Hijos, reclamaban actos de justicia que fueran impartidos por tribunales constituidos sin jueces especiales, que se dictaran sentencias en respeto al debido proceso, y que se aplicaran leyes legalmente instituidas.
Los organismos de derechos humanos SIEMPRE PIDIERON JUSTICIA, NUNCA AJUSTICIAMIENTO.
Exigían para los homicidas aquello que estos sistemáticamente les negaron a sus hijos, a sus padres, a sus nietos.
Pero los vientos cambian, y hoy la realidad es otra absolutamente distinta. Han sido derogadas las leyes de la impunidad y dejados sin efecto los oprobiosos indultos, y por legítima decisión soberana, los derechos humanos en la Argentina son considerados como irrenunciables e imprescriptibles derechos de la humanidad.
Hace pocos días, más precisamente el 11 de agosto, en ocasión de rendir la actual Corte Suprema el informe sobre el estado de los procesos por crímenes de lesa humanidad, el presidente del máximo tribunal, Ricardo Lorenzetti, expresaba públicamente que “La decisión de llevar adelante los juicios de lesa humanidad es una decisión de toda la sociedad y no hay marcha atrás. Porque es una idea que ha madurado y no hay nada mas poderoso que una idea a la cual le llega su tiempo”. Estos juicios, afirmó, “no dependen de una coyuntura, ni de una elección, ni de la decisión de una persona que este en el gobierno o de otra que no lo esté. Están hoy dentro del contrato social de los argentinos, forman parte del consenso básico que tiene la sociedad”. Y como epilogo a su alocución, el magistrado enfáticamente destacó lo siguiente: “Podemos decir luego de este informe que estamos en presencia de uno de los procesos de investigación en materia de delitos de lesa humanidad mas importante del mundo. Señores: No hay prescripción, ni amnistía, ni indulto posible”.
Sin embargo la firme decisión política del Tribunal Superior se enfrenta al dique de contención de la reacción histórica conformada, fundamentalmente en la ocasión, por la corporación judicial.
Aún esta inconcluso en concurso para cubrir vacantes de la nueva Cámara de Casación formada en 2008; la misma situación mantiene vacantes juzgados claves en varias provincias; hay proyectos parlamentarios para crear nuevos tribunales orales en Capital Federal, Córdoba, La Plata, Rosario y Salta, que aún no se aprobaron. Es notable la falta de agilización en algunas investigaciones y coordinación entre las distintas instancias judiciales. Existe una pertinaz resistencia de algunos tribunales en no permitir la transmisión de los juicios a través de los medios de comunicación, ello a pesar de que la Corte ha manifestado reiteradamente la necesidad de concientización social de la memoria a través de la publicidad de los actos judiciales.
Es tarea del ahora el garantizar y profundizar el juicio y castigo a los culpables para que nuestros hijos y nuestros nietos no sean en el futuro victimas de persecuciones -por el solo hecho de tener ideas diferentes-, generadas por el propio Estado que debe protegerlos.
Otra vez, y todas las que fueren necesarias, es justicia repetir incansablemente: SEÑORES JUECES. NUNCA MÁS.
J. R.
jueves, 20 de agosto de 2009
JULIO 2009
HONDURAS, ESE PAÍS TAN PEQUEÑO
Silvio Schachter
Un país tan pequeño como Honduras, no puede permitirse el lujo de tener dignidad” José Azcona Hoyos, presidente entre 1985-1989.
Una postal sorprendió a no pocos observadores políticos: junto a Hugo Chávez, Raúl Castro, Rafael Correa, Evo Morales y Daniel Ortega una figura un tanto exótica, luciendo sombrero texano, ofrecía una nota inesperada. José Manuel Zelaya ocupaba un lugar entre quienes conforman el eje del mal, en versión latinoamericana. El presidente de Honduras rompía, dos años atrás, la tradición de sus predecesores, sempiternos acólitos y sumisos cómplices de cuanta aventura se propuso la CIA en la región.
Ese viraje puso en tensión una añosa urdimbre de privilegios, tejida por el maridaje entre la oligarquía, los políticos y jueces corruptos, las fuerzas armadas, la iglesia y las corporaciones, que reaccionó apelando a un recurso recurrente, el Golpe de Estado, ya en su versión actualizada, enmascarado en ropaje institucional
Micheletti y sus cómplices no son originales. Este nuevo golpismo ya tuvo precedentes: hay semejanza evidente con la asonada contra Chávez del 2002, cuando militares, empresarios y parlamentarios, con asesoramiento y beneplácito de EEUU, y apoyados por la ofensiva de los medios, pretendieron sin éxito cortar la experiencia popular bolivariana. Al igual que Chávez y Zelaya, en el 2004 en Haití, también Aristide fue acusado por los conspiradores de haber provocado la crisis, y despachado desde Puerto Príncipe por el embajador de EEUU, fue puesto en un avión rumbo al exilio en
En esta tipología los civiles encabezan la maniobra, sostienen una formalidad de apariencia constitucional para darle legitimidad a sus acciones, las fuerzas armadas ahora ceden su lugar protagónico y aparecen en un rol tutelar, actuando como brazo ejecutor.
Hacia 1929 el presidente de
En esos años fue parida la definición república bananera, ese platanal dio sus frutos en uno de los países mas pobres de América con un 60 % de su población desnutrida y mas del 20 % de analfabetos.
Desde entonces esa plutocracia de liberales y nacionales, se auto-reprodujo sin sobresaltos, y construyó un bipartidismo blindado a cualquier cambio.
En la década de los ochenta esta elite hospitalaria recibió a decenas de militares de la dictadura somocista que huyeron tras la revolución sandinista. Allí construyeron la base operacional de la “contra” coordinada por John Negroponte , embajador de EEUU y ex -asesor de seguridad en Vietnam, actualmente asesor de Hillary Clinton, quien manejó los fondos del narcotráfico del Irangate para la agresión paramilitar contra Nicaragua. En esos años reciben el aporte de militares de la dictadura argentina, quienes junto a expertos norteamericanos, alquilaron sus servicios en sabotaje y terrorismo. Estos “asesores” permanecieron en funciones hasta 1987, cuatro años después del fin de
La jerarquía eclesiástica, igual que en Venezuela, Bolivia y Ecuador, confirma que el obispo salvadoreño Arnulfo Romero fue la excepción y no la norma, donde la opción por los pobres sigue siendo considerada teología subversiva. Darwin Andino, obispo auxiliar de Tegucigalpa, quien con el cardenal Andrés Rodríguez Madariaga enfrentó a Zelaya en el tema de la constituyente, dijo en días previos al golpe que “no estamos apoyando al Presidente en esta consulta porque vemos que todo el proceso no se ha apegado a ley”, y agregó: “el futuro del país no se ve con claridad, porque lo que se ha dado en Venezuela se está dando en Honduras, se dio en Bolivia y en Ecuador. Yo aquí en todo miro la mano del presidente venezolano Hugo Chávez y el país no se puede entregar al chavismo ni a nadie, pues queremos seguir siendo libres e independientes”. En la cruzada,
Entre las familias de R. Ferrari J. Rosenthal, Canahuti Larach y Flores Facusse se reparten la propiedad de los medios de comunicación masiva de alcance nacional: los diarios La Tribuna , El Heraldo, La Prensa, Tiempo, y los canales 3, 5, 7 , 11, Cablecolor y Emisoras Unidas (con 17 estaciones), además de varios medios locales. Son dueños de un indeterminado número de corporaciones financieras, de la construcción, el sector del café, el banano, el cacao, el azúcar, y los cítricos, de cadenas de supermercados y de comida rápida. Ellos son los encargados de defender la libertad de prensa y el acceso de la población a la información.
Estos poderes fácticos no pueden tolerar la presencia de Honduras en el ALBA, los acuerdos con Petrocaribe y la decisión de retirar la base militar. La consulta no vinculante, la cuarta urna, para la convocatoria a una Asamblea constituyente, disparó la maniobra destituyente que devino en golpe, y el 2 de junio de este año, cuando Hillary Clinton acudió a Honduras para participar en una reunión de la OEA, le manifestó a Zelaya su disconformidad con el referéndum. En tanto ninguna objeción mereció por parte de Washington la reforma constitucional que permitió en Colombia la reelección de Álvaro Uribe, reforma que ni siquiera fue plebiscitada.
Tal vez el argumento de la jefa del Departamento de Estado haya sido la solidez de
Dice Noam Chomsky: “Sobrepasa la imaginación que Washington no tuviera conocimiento anticipado de lo que se fraguaba en Honduras, país altamente dependiente de la ayuda estadounidense y cuyo ejército es armado, entrenado y asesorado por Estados Unidos”
La mayor parte de los altos oficiales militares hondureños activos en el golpe pasaron por la Escuela de las Américas (S.O.A.), como el propio general Romero Vásquez, quien dirige las operaciones militares del golpe y asistió en dos oportunidades a la escuela de las Americas (en 1976 y 1984). O el general de la fuerza aérea Luis Javier Prince Suazo, también participe del golpe, quien recibió entrenamiento en la school en 1996.
Los militares nunca se habrían atrevido a moverse sin el consentimiento tácito de
La base militar de Soto Cano, conocida también por su nombre de Palmerola, ubicada a menos de
El país entero fue durante décadas un protectorado político-militar de EEUU, un centro operacional para conspiración y agresión, Guatemala (1954), Cuba (1961), Nicaragua (1979), y El Salvador (1980) acusaron recibo de ello
Del total de las exportaciones de Honduras el 67,2% va a Estados Unidos, y de allí proviene el 52,4% de sus importaciones. Las remesas de los emigrados aportan casi el 30% del ingreso de divisas.
Un bloqueo efectivo, acción en
Si bien Barack Obama ha declarado su apego a la ley pidiendo la restitución del presidente electo, los hechos, como ocurre desde que asumió, no confirman sus palabras: no rompió relaciones diplomáticas con Honduras, no cortó la cooperación militar y económica, rehusó reunirse con Zelaya, así tampoco se ha manifestado acerca de las acciones represivas de los militares y la policía, los crímenes, secuestros y desapariciones, ni la violencia contra manifestantes, o la censura y clausura de los medios de comunicación críticos al golpe, el allanamiento de domicilio, el secuestro por comandos armados de un presidente, y el exilio forzado de todo un equipo de gobierno, la neutralización de sus colaboradores, y la suspensión de las garantías constitucionales. A pesar de que se proclame un nuevo momento, en estos pasos se reconocen las huellas de lo viejo. Es evidente que las simpatías de EEUU no están del lado de Zelaya. Cualesquiera sean los métodos, el corazón de
En los planes se subestimó la respuesta, y la crisis hondureña se latinoamericanizó inmediatamente. En ese punto la posición estadounidense debió adaptarse. La mediación del primer mandatario de Costa Rica es parte de ese movimiento. Óscar Arias, elogiado por los golpistas hondureños, trató a Micheletti con una ecuanimidad que no le dio la comunidad internacional, el libreto de su propuesta fue escrito en otras dependencias, su plan trato de condicionar todo lo posible para garantizarse una transición favorable sin tropiezos. El desplazamiento de
Zelaya, miembro del partido Liberal, exitoso empresario que llegó al gobierno apoyando el ALCA, sorprendió a propios y ajenos con su viraje político. Seguramente hay una relación entre las acciones de las coordinadoras indígenas y campesinas que cortaron rutas y llenaron las calles en repudio al Tratado de Libre Comercio y el giro copernicano de la posición presidencial.
No puede analizarse el cuadro de situación sin ponderar la valiente resistencia de los eternos invisibilizados. Campesinos, maestros, comunidades indígenas, trabajadores urbanos, dan una batalla desafiante, tenaz y decidida. El antecedente más cercano a una pueblada de esta magnitud hay que buscarlo en la lucha de las mujeres por su ciudadanía y la gran huelga nacional de obreras y campesinos de 1954. Ese año, no casualmente, instalaron la base y se consumó la intervención en Guatemala.
El temor que genera esta multitud rebelde aceleró las maniobras destituyentes. El rechazo a la consulta, absurdamente tildada de anti-democrática, confirma la visión que la elite tiene del pueblo. La sola posibilidad de abrir una brecha en la fortaleza institucional del sistema, hace crujir el modelo de la democracia representativa que garantizo la supervivencia de estructuras validantes de poderes hegemónicos con riesgo cero. Esos poderes fácticos cierran filas para impedir cualquier forma democrática que escape al control político, económico y mediático de la corporación que manejó sin límite los recursos de Honduras.
La crisis política en Honduras avivó un debate sobre los alcances de la pandemia de derecha, y encontradas posiciones intentan definir sus causas y azares. El llamado neoliberalismo, en todas sus formas, económica, social , cultural y política , a pesar de los entusiastas obituarios, sigue vivo y sostiene su agresividad apoyado en su intacta trama. No se hará a un lado ni resignara privilegios y es evidente el carácter violento que imponen en una confrontación que no admite equidistancia. Los dueños de la tierra en Honduras, en Bolivia, en Perú y en la Argentina han demostrado su beligerancia.
La democracia no es una categoría neutra. Mientras defiende “la casa grande” y permite el cambio gerencial, y cuando todos los poderes se corresponden como uno solo, es legítima; pero si sirve al bien común como creación autónoma y colectiva es ilegal.
En 1852 Luis Bonaparte, al igual que su tío Napoleón en 1799, tras un golpe , impone una dictadura militar. En el 18 de Brumario, C. Marx escribe “....La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos. Y cuando éstos aparentan dedicarse precisamente a transformarse y a transformar las cosas, a crear algo nunca visto, en estas épocas de crisis revolucionaria es precisamente cuando conjuran temerosos en su exilio los espíritus del pasado, toman prestados sus nombres, sus consignas de guerra, su ropaje, para, con este disfraz de vejez venerable y este lenguaje prestado, representar la nueva escena de la historia universal...”
Simplifica I. Wallerstein cuando señala en su articulo: “La derecha contraataca: La izquierda llego al poder en Latinoamérica debido a la distracción estadounidense y a los buenos tiempos económicos”. Según su análisis Bush tenía otras prioridades y los gobiernos populistas hicieron política con dineros que hoy escasean.
Cuando prevalece la lógica de entender la democracia como objeto y los votos como su significado, el reduccionismo oscila entre el ingenuo exitismo y el pesimismo proyectual.
La crisis civilizatoria, que arrasa con los recursos humanos y naturales, no puede ser interpretada desde las agendas electorales. Si tomamos como referencia un periodo de quinces años, desde la rebelión zapatista en 1994 hasta el presente, la multiplicidad de fenómenos y experiencias continentales y mundiales sugieren una conflictividad irresuelta, difícil de predecir. Como le ocurrió al marinero de Ulises cuando abrió la bolsa que le confió Eolo, los vientos desatados se vuelven incontrolables.
